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Rentabilidad, tendencias; así es el mundo de los ‘influencers’

1 day ago 6

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Internet. ¿Se acuerdan de cuando llegó a nuestras vidas? En sus comienzos, parecía destinado a convertirse en el escenario definitivo para la democratización social. Una ventana abierta donde cualquiera, con tan solo con una cámara web, podía mostrarse al mundo sin filtros.

La gran baza de aquellos primeros años era, precisamente, la espontaneidad, la búsqueda de lo genuino. Sin embargo, tras la consolidación de las redes sociales, internet cambió. Y aquella frescura inicial ha dado paso a un engranaje donde lo que consumimos a diario en nuestras pantallas responde a estudiadas estrategias comerciales.

Pero, para comprender el escenario digital actual, es necesario entender que en él se entremezclan dinámicas desiguales, fatiga psicológica y una capitalización de lo cotidiano que llegan a distorsionar nuestra propia percepción de la realidad. Y, sobre todo, qué dictan las reglas del juego para aquellos que han hecho de las redes su trabajo: los “influencers”.

LA FÓRMULA DE LA PANTALLA

Hubo un tiempo en que la espontaneidad y la naturalidad abrían las puertas del éxito en las redes. Hoy, la retención del usuario se ha convertido en una disciplina casi científica. Detrás de la aparente cercanía de los creadores de contenido se esconde, en muchos casos, una planificación minuciosa para romper el patrón y mantener la atención.

Y es que, según un artículo en LinkedIn, los expertos del sector admiten que, aunque el comportamiento del algoritmo suele ser impredecible, contar con un guion bien estructurado incrementa hasta en un 40% las probabilidades de éxito de un vídeo.

$!La naturalidad que aparentan algunas estrellas digitales es, en muchas ocasiones, pura simulación.

La naturalidad que aparentan algunas estrellas digitales es, en muchas ocasiones, pura simulación. EFE/Pavel Danilyuk (Pexels)

De este modo, la supuesta improvisación es el resultado de un riguroso trabajo de escritura enfocado en atrapar al espectador desde el primer segundo. Y este afán de profesionalización se hace especialmente visible en el formato conversacional.

Así, la fiebre por tener un podcast propio ha impulsado un modelo de negocio en auge: el alquiler de estudios de grabación por horas. Estos espacios, equipados con micrófonos de alta gama y decorados con llamativas luces de neón, permiten a cualquier aficionado emular, al menos en lo estético, a las grandes estrellas de la red.

Sin embargo, esta constante necesidad de proyectar éxito e influencia traspasa el ámbito digital y alimenta otras dinámicas fuera de la pantalla. El deseo de lucir marcas exclusivas ha disparado el mercado de las imitaciones a escala global.

La magnitud del problema se refleja en las intervenciones de las autoridades aduaneras, que frecuentemente interceptan cargamentos masivos como, por ejemplo, un lote entero de zapatillas falsificadas del modelo Dior x Air Jordan 1 valorado en más de 4.3 millones de dólares (y cuyo precio original alcanzaba los 2 mil dólares el par).

Y, hablando de marcas y de narrativas prefabricadas, la búsqueda de estatus digital cala hondo entre los más jóvenes. Ya se registran casos de adolescentes que adquieren artículos costosos con su propio dinero para luego filmarse fingiendo falsos patrocinios de las firmas, en un intento por simular un nivel de influencia en redes sociales.

EL NEGOCIO DEL DESCANSO Y LA EXPLOTACIÓN DE LA TRAGEDIA

La urgencia por rentabilizar el interés de la audiencia ha empujado a los creadores a explorar límites insospechados, dando lugar a tendencias tan peculiares como el “Sleep Streaming”.

$!La obsesión de los jóvenes por convertirse en influencers hace que simulen colaboraciones y patrocinios de marcas comprando ellos mismos los productos.

La obsesión de los jóvenes por convertirse en "influencers" hace que simulen colaboraciones y patrocinios de marcas comprando ellos mismos los productos. EFE/Mizuno K (Pexels)

En este particular nicho, figuras muy conocidas del sector como la “streamer” Amouranth han logrado recaudar entre 10 mil y 15 mil dólares (según reveló en The Iced Coffee Hour) en una sola noche con el sencillo gesto de dormir frente a la cámara, sirviéndole también de escaparate para atraer usuarios hacia plataformas como OnlyFans.

Por su parte, las redes sociales tradicionales también avanzan en la comercialización de lo privado. Un ejemplo de ello es Instagram, que ha estado experimentando con algunos sistemas de suscripción mensual.

Este modelo permite a los creadores cobrar una cuota a sus seguidores para darles acceso a contenidos exclusivos como las “stories” restringidas a “mejores amigos”, convirtiendo la rutina diaria en un producto protegido por un muro de pago.

No obstante, la búsqueda de beneficio económico en la red tiene ramificaciones mucho más controvertidas cuando se cruza la línea de la ética. El fraude digital encuentra su peor versión en aquellos que instrumentalizan la empatía ajena, haciéndose pasar por “influencers”, organizaciones benéficas o víctimas de alguna tragedia.

Por ejemplo, se han registrado incidentes en los que estafadores informáticos han duplicado campañas legítimas de recaudación en GoFundMe creadas por familias en pleno duelo con el único fin de desviar la ayuda solidaria hacia carteras privadas de Bitcoin.

LA REVOLUCIÓN DEL ENTRETENIMIENTO

En paralelo, las grandes figuras de internet están transformando los pilares del ocio convencional a través del “sportainment”, una fórmula que mezcla deporte y espectáculo.

El exponente más claro de esta tendencia es la Kings League, el torneo de fútbol impulsado por Gerard Piqué, donde los clubes están presididos por creadores de contenido reputados.

$!Boom de los podcast creó el negocio del alquiler de estudios equipados para que cualquier usuario pueda crear el suyo siendo similar al de los creadores de élite.

Boom de los "podcast" creó el negocio del alquiler de estudios equipados para que cualquier usuario pueda crear el suyo siendo similar al de los creadores de élite. EFE/Cottonbro Studio (Pexels)

En solo un mes, la competición acumuló 238 millones de visualizaciones en TikTok y Twitch, superando en repercusión digital a las ligas de fútbol tradicionales de Europa y logrando colgar el cartel de “sold out” en escenarios de la talla del Camp Nou.

Esta madurez del entorno digital también se traslada a las oficinas, donde las condiciones de colaboración se han vuelto mucho más estrictas. Los representantes de los creadores exigen hoy en día a las marcas interesadas el cumplimiento de unas pautas comerciales básicas.

Estas pueden ir desde el abono puntual de los honorarios y la eliminación de cláusulas de exclusividad injustificadas hasta una mayor flexibilidad en los calendarios de publicación de las campañas.

Por otro lado, esta fatiga del espectador con los formatos tradicionales, y la necesidad de buscar nuevas alternativas, no solo afectan al ocio televisivo y a la publicidad: también sacuden al sector de la información, donde el periodismo tradicional sufre una crisis estructural reflejada en los continuos recortes de plantilla en medios de comunicación de referencia.

Ante este panorama, se ha producido una notable migración de redactores hacia plataformas de boletines independientes como Substack, donde se convierten en una especie de “influencers” de nicho, como los antiguos “blogueros”.

No obstante, dentro del propio gremio surgen voces de alarma. Y es que este modelo de autoedición en solitario suele prescindir de los filtros tradicionales de verificación de datos, de la figura del editor y del respaldo jurídico que ofrece una redacción consolidada, lo que plantea retos para adaptar el oficio periodístico a nuevos formatos sin perder su rigor ético.

Resistencia digital: el escudo de los usuarios.

Asimismo, la inestabilidad y las decisiones unilaterales de las grandes corporaciones tecnológicas han empujado a los propios creadores de contenido a asociarse para defender sus derechos.

Movimientos como “The YouTubers Union” (“FairTube”) han comenzado a estructurar protestas en el entorno digital, sugiriendo a sus afiliados medidas de presión como huelgas simbólicas que consisten en publicar sus contenidos en plataformas alternativas en detrimento de YouTube o dejar de subir materiales a redes sociales durante un tiempo.

Porque, al final, esta inmersión constante en las plataformas digitales genera efectos psicológicos significativos en las audiencias, propiciando el desarrollo de las denominadas “relaciones parasociales”.

El diseño de los algoritmos, sumado a la cercanía de las imágenes detrás de escena y al lenguaje de aparente complicidad que emplean los creadores, provoca que algunos seguidores confundan el espectáculo de la pantalla con la cotidianeidad.

Y, de este modo, se tejen apegos asimétricos e ilusiones de reciprocidad afectiva hacia personas que, en realidad, son completos desconocidos. Dentro de ellos, una de las tendencias más controvertidas en la actualidad es el bautizado como “cosplay de clase obrera” (“working class cosplay” o “cosplaying poverty”).

Se trata de un fenómeno por el cual figuras de la élite adoptan y romantizan estéticas humildes en sus publicaciones. Con esto, crean la ilusión de una “vida sencilla” que, sin embargo, pueden abandonar a su antojo gracias a sus holgados recursos financieros.

Diversas voces en foros de debate y plataformas tipo Reddit señalan este comportamiento como una ofensa sutil camuflada bajo una tendencia de moda, al tratarse de una elección voluntaria y sin riesgos para quienes nunca experimentarán las dificultades reales de la vulnerabilidad económica.

Y así, en el ecosistema digital, confluyen el entretenimiento, el comercio y la psicología humana. Porque la espontaneidad se ha transformado en una métrica de rendimiento. La afinidad personal, en un modelo de negocio rentable. Y la permanencia en la red, en un pulso incesante entre el usuario, el creador y el propio algoritmo.

DESTACADOS:

- La naturalidad en redes es una simulación: un guion estructurado incrementa hasta en un 40 % las probabilidades de éxito de un vídeo.

- El ansia de influencia digital impulsa desde el alquiler por horas de estudios con neones para simular ser un gran “podcaster”, hasta adolescentes de 16 años que fingen patrocinios de marcas con productos pagados de su bolsillo.

- La búsqueda de nuevas vías de ingresos explora fronteras inusuales como el ‘Sleep Streaming’, una tendencia en la que creadores de contenido llegan a generar entre 10 mil y 15 mil dólares en una sola noche simplemente durmiendo frente a la cámara.

Por Nora Cifuentes EFE-Reportajes.

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