La combinación entre una enorme fortuna ilícita y una afición por el deporte llevó a que Guzmán buscara abrirse paso en la industria futbolística. Sin embargo, sus intenciones no estaban relacionadas únicamente con el entretenimiento o la inversión deportiva.
Según las investigaciones realizadas por autoridades estadounidenses y mexicanas, el interés por los clubes también habría estado ligado a mecanismos para introducir dinero de origen ilícito dentro de estructuras empresariales aparentemente legales.
EL MILLONARIO INTENTO DE COMPRAR AL CHELSEA
Uno de los episodios más llamativos relacionados con esta historia involucra a uno de los clubes más importantes del futbol europeo.
Tras la última captura de Guzmán en 2016, diversos reportes señalaron que el narcotraficante tenía interés en adquirir el Chelsea FC, uno de los equipos más exitosos de la Premier League inglesa.
En aquel momento, el club pertenecía al empresario ruso Roman Abramóvich y se encontraba consolidado como una potencia internacional gracias a sus títulos nacionales e internacionales.
De acuerdo con versiones que circularon durante esos años, la operación habría implicado una inversión cercana a los 868 millones de dólares, una cifra que reflejaba el enorme poder económico acumulado por la organización criminal encabezada por Guzmán.
Sin embargo, la compra nunca llegó a concretarse y quedó únicamente como una de las múltiples historias que rodearon la figura del capo sinaloense.
PUEBLA, EL CLUB MEXICANO QUE TAMBIÉN ESTUVO EN SU MIRA
Además del futbol europeo, el interés de Guzmán se habría centrado en el balompié nacional.
Diversas versiones periodísticas indicaron que intentó acercarse al Club Puebla, una de las instituciones históricas del futbol mexicano. Aunque nunca existió una negociación pública formal, el nombre del equipo apareció reiteradamente en reportes que vinculaban al narcotraficante con posibles adquisiciones deportivas.
La supuesta afinidad de Guzmán por La Franja alimentó durante años rumores sobre su deseo de convertirse en propietario del club y participar de manera más activa dentro del negocio futbolístico.
No obstante, al igual que ocurrió con el Chelsea, las operaciones nunca avanzaron hasta convertirse en una compra oficial.
La complejidad de los controles financieros y la vigilancia de las autoridades deportivas representaban obstáculos difíciles de superar incluso para una organización con recursos multimillonarios.
LOS CLUBES QUE SÍ ESTUVIERON VINCULADOS AL CÁRTEL DE SINALOA
La relación más documentada entre Guzmán y el futbol surgió años después durante su juicio federal en Nueva York.
Ahí, uno de los testimonios más relevantes fue el de Tirso Martínez Sánchez, antiguo colaborador del Cártel de Sinaloa, quien declaró bajo juramento sobre los negocios de la organización criminal.
Según su versión, desde mediados de la década de 1990 existieron vínculos con varias franquicias del futbol mexicano, utilizadas presuntamente para mover recursos financieros y dar apariencia de legalidad a ciertas operaciones.
Entre los equipos mencionados se encontraban:
• La Piedad
• Irapuato
• Celaya
• Gallos Blancos de Querétaro
El testimonio generó gran impacto debido a que involucraba directamente a instituciones deportivas reconocidas dentro del futbol mexicano.
LA INTERVENCIÓN DE LA FEDERACIÓN MEXICANA DE FUTBOL
Las revelaciones sobre posibles nexos entre organizaciones criminales y clubes deportivos provocaron la intervención de las autoridades correspondientes.
Con el paso del tiempo, la Federación Mexicana de Futbol (FMF) tomó medidas para desvincular a las franquicias señaladas de cualquier sospecha relacionada con actividades ilícitas.
De acuerdo con los testimonios presentados en la corte estadounidense, los propietarios legales de los equipos fueron obligados a vender las franquicias por aproximadamente 10 millones de dólares.
Aquella decisión marcó el final de una etapa en la que el futbol mexicano enfrentó cuestionamientos sobre la procedencia de ciertos recursos económicos dentro de algunas instituciones.
La situación también evidenció cómo el deporte profesional puede convertirse en un objetivo atractivo para organizaciones criminales interesadas en obtener legitimidad social y acceso a estructuras financieras complejas.
CUANDO EL FUTBOL Y EL CRIMEN SE CRUZARON
El caso de Joaquín Guzmán Loera muestra una de las facetas menos conocidas de la historia reciente del narcotráfico en México.
Mientras construía una de las organizaciones criminales más poderosas del mundo, también buscó abrir espacios dentro de una de las industrias más populares del planeta: el futbol.
Las acusaciones, testimonios y versiones surgidas durante los procesos judiciales revelaron un interés constante por clubes nacionales e internacionales, algunos de los cuales estuvieron cerca de formar parte de proyectos impulsados por personas relacionadas con el Cártel de Sinaloa.
Aunque varias de estas operaciones nunca se concretaron, el episodio permanece como uno de los capítulos más llamativos en la compleja relación entre el crimen organizado y el deporte profesional.