Sin duda alguna que los mexicanos compartimos una identidad diversa, pero nos unen fuertes lazos históricos, sociales y culturales. ¿Qué rasgos culturales nos vinculan y nos dan identidad? La familia, la familia es la piedra angular, ahí radican la seguridad y el apoyo emocional. Tenemos un profundo sentido de pertenencia, reflejado en las tradiciones, el mestizaje y nuestra herencia indígena.
Asimismo, nos unen la gastronomía y las festividades. La comida se traduce en el gusto que tenemos por el maíz, el chile y el taco, y conmemoraciones como el Grito de Independencia o el Día de Muertos. Pocos pueblos festejan a la muerte, como lo hacemos nosotros. Y no se diga la fiesta grande con el mariachi y la cena del 15 de septiembre. Puro México... Sí señor.
También se nos reconoce nuestro sentido de calidez y solidaridad. Somos gente hospitalaria, alegre y con espíritu de solidaridad ante la adversidad, amantes del relajo y con mucho sentido del humor. Se trata de una forma muy especial de enfrentar la cotidianidad.
Los cambios en la identidad nacional están vinculados con las transformaciones sociales. Verbi gratia, durante los veintes y los treintas nuestro país vivió un periodo nacionalista muy intenso, sin duda derivados del movimiento de 1910 y por las políticas de los gobiernos de entonces.
En la década de los cuarentas, durante la Segunda Guerra Mundial, se despertó el interés por estilos de vida más citadinos y la influencia de la Segunda Guerra Mundial en los cuarentas, también trajo lo suyo. En los cincuentas, sesentas, setentas, se iba notando la evolución de nuestro país. Tuvimos los Juegos Olímpicos de 1968 y en Mundial de 1970, y eso nos puso en el candelero mundial, voltearon a ver a México los de afuera. Se dio la necesidad de demostrar determinados elementos de identidad nacional.
A finales del siglo XX y ya enrutados hacia una mayor apertura económica y cultural, se modificaron los patrones de consumo y las referencias culturales. Hoy día, ante un mundo globalizado, México debería entrar en una etapa de mayor interés por la identidad nacional. Han aparecido nuevas formas de comunicarse, ahí está el Internet, las redes, en segundos se está en cualquier parte del mundo solo dando un teclazo. La velocidad a lo que ocurre es mucho mayor.
Los estudiosos del tema estiman que: “Antes, las identidades juveniles duraban un año; ahora creo que duran tres semanas”. Las redes sociales aceleran todavía más este proceso. Modas y expresiones que se vuelven populares pueden desaparecer en cuestión de semanas, pero algunas de ellas pueden permanecer y convertirse en parte de nuevas formas de identidad. En ese sentido, ser mexicano no significa responder a una definición única ni conservar intactos los mismos símbolos a lo largo del tiempo.
La mexicanidad se construye y se transforma con cada generación, a partir de una historia compartida, pero también de nuevas formas de reconocerse como parte de una comunidad. Banderas, mariachi, comida, celebraciones y tradiciones pueden cambiar de significado, ceder espacio a nuevos referentes o no representar de la misma manera a todas las personas.
Precisamente por eso, la identidad mexicana no depende de identificarse con un conjunto fijo de símbolos, sino de una construcción colectiva que cambia con el tiempo y admite distintas formas de entender qué significa ser mexicano”.
En término llanos, ser mexicano se lleva en el corazón, pero esto no implica cerrazón, somos miembros de una comunidad, con diversos puntos de vista o apreciación, pero compartimos espacio y tiempo, y más nos vale entendernos como gente civilizada, anteponiendo el respeto y el diálogo.